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Orígenes de la Educación Parvularia


LA EDUCACION PARVULARIA:
SUS ORIGENES E HISTORIA
  
Los Inicios
 
En el Chile precolombino los diferentes pueblos que habitaban el actual territorio del país, contaban dentro de sus sistemas de crianza y de etnoeducación con distintas instituciones, personas y prácticas orientados a la atención de los niños pequeños. Por ejemplo, dentro de la cultura mapuche, había un conjunto de ritos en el período prenatal a través de los cuales se esperaba fortalecer al niño en gestación. Por su parte, en la cultura yámana, desde el momento en que nacía el niño, la madre elegía a una “madrina” quien la ayudaba a cuidar y estimular al bebé. Respecto a esto último, hay información etnográfica sobre cómo se hacían masajes a los niños y ejercitación motora. Particularmente interesante, son las actividades que se hacían con los niños pequeños en forma paralela a los actos de iniciación de los jóvenes en los cuales toda la comunidad se involucraba. Cercana a la gran “choza” donde se reunían jóvenes, adultos y ancianos, se hacía otra “choza” más pequeña en la que se juntaban los niños durante las semanas en que se hacía este ritual. Los más pequeños quedaban a cargo de los más grandes y participaban en todo tipo de actividades desde juntar leña, hasta algunas que tenían conexión con lo que estaba pasando en la gran “choza” con los jóvenes. A su vez, en la cultura kawashkar, existía la práctica de colocarle el nombre a los nuevos miembros una vez que se identificara alguna característica del niño o niña de manera que fuera una nominación muy propia. Ello podía ser un rasgo físico o incluso un sonido que produjera dentro de sus primeras emisiones.
 
Es así como, en todos los diferentes pueblos que habitaban el territorio del país actual, se encuentran significativas referencias al cuidado y educación de los niños pequeños, situación que empieza a cruzarse posteriormente con los sistemas educativos que llegan con los europeos en las distintas etapas de desarrollo de lo que es hoy día, la República de Chile.
 
Las primeras órdenes religiosas que llegaron, empezaron a preocuparse de los niños huérfanos y abandonados, creando Casas de acogida, Orfanatorios y otros, donde los párvulos eran recibidos junto con niños de otras edades. Posteriormente, a comienzos del siglo XIX se formaron ciertas “escuelas de párvulos”, que fundamentalmente se preocupaban de la formación religiosa de los niños.
 
 
La influencia europea y los primeros kindergartens
 
En la segunda mitad del siglo XIX, llegaron a Chile las influencias educativas desde Europa y Estados Unidos. Así empezaron a funcionar algunos “grupos de juego” y los primeros “Kindergartens”, todos en el ámbito particular. Relevante fue para la instalación de estas primeras experiencias, la traducción del alemán al español, que hizo Don José Abelardo Núñez en 1889 de la “Educación del Hombre”, obra central de Federico Froebel, escrita en 1826.
 
Es relevante señalar, que a comienzos del siglo XX, el Estado de Chile, empezó a “subvencionar” algunos de los “Kindergartens” particulares existentes; sin embargo no fue hasta 1906, que el sector público se comprometió con la instalación del primer Kindergarten fiscal. Ello se efectuó anexo a la Escuela Normal N° 1 de Santiago, en una casa arrendada al frente de ella, en calle Compañía. Para poner a funcionar este establecimiento, acorde a la política existente de invitar a diversos educadores europeos a venirse a Chile para ayudar a su desarrollo educacional, fue contratada una educadora austríaca de la Escuela Normal de Graz: Doña Leopoldina Maluschka, quien se trasladó con toda su familia. El 16 de Agosto de ese año, ayudada por dos estudiantes de la Escuela Normal que iniciaban su formación como Kindergarterinas, comenzó a funcionar el primer Kindergarten Fiscal empleando el método Froebeliano. Si bien es cierto que este Kindergarten tuvo dificultades en comenzar, ya que en ese mismo día en la noche fue el terremoto de Valparaíso que afectó también fuertemente a Santiago, y por tanto, la casa del Kindergarten. Este establecimiento, con su regenta doña Leopoldina, las “kindergarterinas” en formación y posteriormente con sus egresadas, se convirtió en un importante centro impulsor de la Educación Parvularia del país.
 
Es de relevancia destacar que en esta etapa de instalación, el ideario que llegó a través de la obra de Froebel y su interpretación efectuada en el país, hizo que se instalaran los paradigmas más importantes que en gran parte fundamentan hasta el presente, la orientación de este nivel educativo. Desde entonces, se inició una educación parvularia sustentada en:
 
-         Una concepción educacional que empieza desde el nacimiento hasta el ingreso a la Escuela Elemental o Básica.
-         Un enfoque de calidad de su contenido que propicia el trabajo activo del párvulo, el respeto a sus características, la integralidad de su desarrollo, y una metodología lúdica, entre otros.
-         El trabajo complementario con los padres en la formación de los niños pequeños.
 
Además de lo anterior y debido a su enfoque pedagógico y sensibilidad al país que la había recibido, doña Leopoldina se preocupó de llevar su aporte educacional a sectores vulnerables, creó el primer “Kindergarten Popular” en 1911, e hizo adaptaciones a la cultura chilena, incorporando temas y símbolos nacionales en las planificaciones curriculares.
 
En pocos años, como producto de la labor de Doña Leopoldina y de las kindergarterinas egresadas, la educación parvularia se extendía a lo largo de todas las provincias del país, en su mayoría en aulas anexas a Liceos, y de escuelas del sector particular. Además, se editaron revistas[1] y publicaciones específicas, se hicieron importantes participaciones en seminarios nacionales, y se crearon diferentes asociaciones[2]vinculadas al área.
 
En la segunda década del siglo XX, como producto de la Primera Guerra Mundial, y de la depresión mundial, se detuvo en el país este impulso fundador, y se disminuyó la atención del sector a niveles mínimos. A pesar que otras Escuelas Normales, como la N° 2 de Santiago, incorporaron a este nivel entre sus actividades, la atención pasó a ser muestral, aunque se avanzó en otros aspectos cualitativos, como la incorporación del método Montessori en Chile ( 1925 ), y los primeros intentos de establecer una Sala Cuna educativa, realizados por Doña Leopoldina, sin éxito.
 
Sin embargo, en la década de los cuarenta, empezó a generarse un movimiento universitario de gran esplendor en el país en torno a la Universidad de Chile, teniendo como Rector a Don Juvenal Hernández, y como colaboradora a Doña Amanda Labarca, quien marcó una nueva etapa en el desarrollo del nivel.
 
La Educación Parvularia entre los años 40 y 70
En 1944, se creó la “Escuela de Educadoras de Párvulos”, en la Universidad de Chile, en un período en que esta Universidad se consideraba por su gran calidad como la “Universidad de América”, lo que motivó a muchos estudiantes de otros países, venir a estudiar a Chile.
 
En este contexto, esta escuela nació al amparo directo de la Rectoría, con destacados docentes, como fueron su primera directora, doña Amanda Labarca, y en especial, doña Matilde Huici, exiliada española, que asumió por largo tiempo su dirección. Sus académicos, estudiantes y egresadas empezaron a desempeñar un importante rol de sensibilización hacia el tema en la sociedad chilena, a través de diversas actividades profesionales de extensión y publicaciones especializadas.
 
Las prácticas profesionales comenzaron a ampliar el campo tradicional de acción que era el ámbito escolar, hacia poblaciones periféricas, industrias, hospitales y oficinas salitreras. Posteriormente, este tipo de prácticas, unido a la realización de un Seminario de Título especializado en Sala Cuna, dirigido por doña Linda Volosky, generó en la década de los sesenta, el funcionamiento de las primeras Salas Cunas educativas, cambiando el enfoque asistencial establecido en las diferentes Leyes del sector.
 
Por su parte, en el sistema del Ministerio de Educación, se fue incorporando cada vez más el nivel, ampliándose paulatinamente la atención, y es así como en 1948, se estableció el primer “Plan y Programa de Estudios”, como instrumento orientador para los anexos a Escuelas y Escuelas de Párvulos.
 
Una importante labor en la legitimación del nivel lo desempeñó el Comité Chileno de OMEP creado en el año 1956 en el país, siendo uno de los primeros en constituirse en el mundo. A él se integraron profesionales de todos los campos quienes contribuyeron a la difusión de la educación parvularia chilena.
 
A fines de la década de los años sesenta, se impartía educación parvularia principalmente en Escuelas de Párvulos, en anexos a Escuelas, en Jardines Infantiles dependientes de CORHABIT, en la Fundación de Guarderías y Jardines Infantiles, y además en el sector privado.
 
 
La Educación Parvularia en la década de los 70
 
El 22 de abril del año 1970, a fines del Gobierno de Don Eduardo Frei Montalva y después de diferentes iniciativas legales, se creó la Junta Nacional de Jardines Infantiles, J.U.N.J.I., a través de la Ley N° 17.301, lo que contribuyó a una rápida extensión del nivel.
            
Debido a esta expansión, se inició la preparación de Técnicos de Educación Parvularia en diferentes organismos, y aumentaron las entidades formadoras de Educadoras de Párvulos. En 1974, la Universidad de Chile creó Escuelas en todas sus sedes, para formar Educadoras de Párvulos, junto con la Universidad de Concepción, la Pontificia Universidad Católica de Chile, y la Universidad Austral.
 
En el ámbito de las orientaciones el Ministerio de Educación, elaboró Programas Educativos para el Segundo Nivel de Transición (1974) y para el Nivel Sala Cuna ( 1979).  
 
Estos programas significaron un avance cualitativo importante en el marco de acción del nivel, por su orientación centrada en el rol activo de los niños en sus aprendizajes desde el nacimiento.
 
En abril de 1975, fue creada por la Primera Dama de la Nación, la “Fundación Nacional de Ayuda   a la Comunidad” F.U.N.A.C.O. adquiriendo personería jurídica de derecho privado en septiembre de 1986. Su objetivo era coordinar programas de apoyo para el bienestar social de la comunidad, para lo cual implementó   Centros Abiertos, donde se atendía gratuitamente a niños de hogares desfavorecidos.
 
Por su parte, a fines de la década, JUNJI atendía 40.000 niños de sectores vulnerables a través de Jardines Infantiles especialmente construidos con ese fin, proporcionando una atención integral.
 
 
La Educación Parvularia entre los años 1980/1990
 
Durante la década de los años ochenta, se crearon diferentes formas alternativas de educación de párvulos, en poblaciones de escasos recursos, impulsadas principalmente por Organismos No Gubernamentales, (ONGs). En el ámbito público, JUNJI implementó los CADEL, que tenían un fuerte énfasis en el desarrollo del lenguaje y en la alimentación, de los niños y niñas.
 
En 1981, al modificarse las Leyes Universitarias, comenzaron a crearse Universidades Regionales en las diferentes ex - sedes de las Universidades Nacionales, surgieron nuevas Universidades Privadas e Institutos Profesionales de Educación Superior, instituciones que continúan con la formación universitaria de educadores,
 
En el plano normativo y orientador, el MINEDUC elaboró el programa Educativo para Nivel Medio y Primer Nivel Transición (1981), el cual a la fecha no contaba con un programa educativo oficial.
 
En 1989, al subscribir el país la Convención de los Derechos del Niño, se produjo un importante hito, en el plano de las Políticas Internacionales, que orientará la extensión del nivel y el mejoramiento de la calidad, aspectos centrales de las políticas públicas que se implementaron en la década siguiente.
 
 
La Educación Parvularia en la Reforma de los 90
 
            En marzo de 1990, se retomó la tradición democrática en el país, siendo uno de los propósitos fundamentales del gobierno de don Patricio Aylwin Azócar, lograr una sociedad más igualitaria. Para estos efectos se propuso restaurar las redes de organización y participación social, tomó decisiones para reorientar el gasto público, fijándo como principales beneficiarios, o grupos prioritarios, los niños y las mujeres jefas de hogar, entre otros.
 
En las políticas del gobierno de la Concertación se declaró a la educación como una prioridad fundamental para la década de los años 90, puesto que se la estimó como factor estratégico para el fortalecimiento de una sociedad más equitativa y para el desarrollo del país.
 
            En ese período, las pruebas de medición de la calidad de la educación (SIMCE) aplicadas a estudiantes de educación básica, evidenciaban severas desigualdades entre los alumnos provenientes de establecimientos subvencionados, especialmente de escuelas municipales, con aquellos que asistían al sistema particular pagado.
 
            Consecuentemente el Gobierno planteó nuevas políticas para el sector: 
 
aumentar la cobertura con equidad y calidad, y comprometió efectuar una estrategia de inversión a mediano plazo, denominada Programa de Mejoramiento de la Calidad y Equidad de la Educación (MECE), de seis años de duración, financiada con un préstamo del Banco Mundial y con el presupuesto de la nación.
 
            En 1990 y contando con un nuevo escenario, FUNACO (Fundación Nacional de Ayuda a la Comunidad) empezó a modificar sustantivamente sus objetivos y quehacer, constituyéndose en una entidad de tipo privado, dependiente del Ministerio del Interior, readecuando sus estatutos y cambiando su razón social por Fundación Nacional para el Desarrollo Integral del menor (INTEGRA).
 
Fundación INTEGRA inició así el desarrollo de su Proyecto Educativo, focalizando su atención en los centros abiertos para niños menores de 6 años; se contrataron profesionales y se comenzó un proceso de capacitación, estableciendo convenios con la Junta Nacional de Auxilio Escolar y Becas, J.U.N.A.E.B., con UNICEF y Universidades. Se reestructuró su gestión administrativa, traspasando la tarea asistencial de su responsabilidad a instituciones competentes.
 
            Por su parte, en el Programa MECE se incluyó el Componente Preescolar, al que le fue asignado el 16% del total de los recursos (equivalente – en 1997 – a unos 50 millones de dólares).
 
            Los objetivos del Componente Preescolar del MECE, al igual que los del Componente Básica, fueron mejorar la calidad de la enseñanza y ampliar las oportunidades brindadas a los niños y niñas menores de 6 años de hogares pobres. A éstos, en el caso de la educación parvularia, se agregó un tercer objetivo fundamental: la expansión de la atención.
 
            En la década de los noventa la labor realizada a nivel de Educación Parvularia a través del MINEDUC JUNJI e INTEGRA, implicó un aumento de la cobertura en un 11,5%, ( de 20,9 % a 32,4%). Según   zonas geográficas, aumentó de un 8,5% a un 17,2% en sectores rurales y de un 23,8 % a un 34,8 % en sectores urbanos,[3] alcanzando más de un 85% de matrícula en el tramo de 5 a 6 años.
 
         Estos aumentos cuantitativos de cobertura representó a la inversión pública subir de M$ 26.237.9 en el año 1990, a M$ 126.529.1 en el año 2004.
 
            Para cautelar el principio de equidad, es decir, asegurar una real igualdad de oportunidades, se optó por una metodología de focalización tanto territorial como institucional. Para ello, se definió el mecanismo de discriminación positiva que orientó la inversión hacia los sectores más pobres y de mayor riesgo social.
 
            Con el fin de crear condiciones para lograr una educación parvularia pertinente a la realidad social del párvulo y significativa en relación a sus aprendizajes, el principio de descentralización, se amplió al ámbito pedagógico a nivel de aula, procesos que se daba hasta 1990, solamente en el plano administrativo.
 
            La concreción de esta política de educación parvularia, se observó en diversos organismos, tales como establecimientos municipales y particulares de educación básica, con cursos de 2º Nivel de Transición; Centros de Fundación INTEGRA y la red de Junta Nacional de Jardines Infantiles, JUNJI. 
 
El Ministerio de Educación mantuvo relación con las escuelas a través del sistema de supervisión y con JUNJI e INTEGRA a través de convenios. Todos ellos recibieron recursos provenientes del Programa MECE.
 
En síntesis, las políticas de educación parvularia para la década 1990 – 2000 se fijaron como dos grandes objetivos: aumentar la cobertura y mejorar la calidad y la equidad de la educación.
 
            Para cumplir con los objetivos y principios ya señalados, el Componente Preescolar del MECE promovió la generación de nuevos programas formales y no formales de educación y desarrolló diversas líneas de acción, entre las cuales el perfeccionamiento de profesionales y técnicos de las instituciones del sector, fue un elemento central. 

          En marzo de 1994 el Componente Preescolar pasó a formar parte de la estructura institucional del Ministerio de Educación, aún cuando hasta 1997 continuó con financiamiento proveniente del Programa MECE. La División de Educación General, reforzó la Unidad de Educación Parvularia existente, con un equipo multidisciplinario. 

           Los recursos disponibles, si bien no menores, resultaron ser reducidos en relación a la envergadura de la tarea por realizar. Esto exigió priorizar, focalizar y coordinar programas para párvulos, y diseñar estrategias potencialmente expandibles de bajo costo, que garantizaran la calidad.
 
            Para alcanzar los objetivos antes señalados, el diseño de estrategias consideró criterios tales como:
 
·               Ampliación de cobertura de programas ya existentes en sectores de pobreza, diversificando la localización geográfica de la oferta.
 
·               Focalización de la atención en comunidades/localidades/poblaciones con alta concentración de familias pobres, y en los niveles de transición de los jardines infantiles, centros abiertos y escuelas, para que las intervenciones educativas iniciadas en la educación parvularia tuvieran continuidad en la educación básica.
 
·              Incorporación de programas no formales de educación parvularia, con el fin de diversificar la oferta, adecuarse a las diferentes realidades nacionales y aumentar cobertura con menos costo y similar calidad.
 
·              Incorporación, no sólo de profesionales y técnicos de las instituciones, sino de la comunidad nacional en su conjunto – y de los padres y madres en particular – a las acciones tendientes a mejorar la calidad de las intervenciones educativas para los niños menores de 6 años.
 
 
             Por su parte, JUNJI inició un fuerte proceso de fortalecimiento institucional y de mejoramiento de la atención y calidad educativa. De dos modalidades de atención que educaban a 60.000 niños en 1990, se amplió a 120.000 a fines de la década, ofreciendo además doce alternativas diferentes, que respondieran en forma diversificada a las necesidades de los niños y sus familias. Estos programas hicieron uso de nuevos espacios educativos, medios y agentes: desde las propias familias, jóvenes y líderes comunitarios, ocupando espacios familiares, hasta consultorios de salud y otros escenarios comunitarios, usando medios de diverso tipo tales como: gráficos, radiales, televisivos, entre otros.
 
             En el plano cualitativo, se establecieron “Criterios de Calidad Curricular” como orientación para los diversos programas, y se iniciaron los “Proyectos de Mejoramiento Curricular”, con asignación de recursos para que los educadores dotaran de material didáctico diferenciado a sus propuestas curriculares.
 
La línea de trabajo con las familias y comunidades, se incentivó fuertemente, potenciando los Centros de Padres de los Jardines Infantiles, con Orientaciones Técnicas.
 
En el plano de la diversificación curricular, se implementó la línea de atención a párvulos de los pueblos originarios, creándose guías curriculares para los diez pueblos reconocidos en el país. A partir de los ejes culturales que cada comunidad señalaba como importantes para sus niños, las comunidades educativas, estuvieron constituidas principalmente por representantes de las correspondientes etnias, quienes fueron capacitados en educación parvularia; esta estrategia se mantiene hasta la actualidad.
 
La educación de niños y niñas con necesidades educativas especiales, que incidentalmente existía en J.U.N.J.I, desde 1995 se planteó como línea de trabajo, creando orientaciones técnicas, otorgando perfeccionamiento especializado a los educadores y dotando con material pertinente a los Jardines Infantiles, dentro de una línea de integración. Igualmente se inició el mejoramiento de la infraestructura de los establecimientos de manera de facilitar un mayor acceso de niños con problemas motores.
 
En 1995 se creó el primer proyecto en Chile de un “Sistema de Evaluación Integrado para los Párvulos: Evalúa”, que abordó el tema de la evaluación de los aprendizajes de los niños y niñas, para superar las debilidades de la evaluación centrada en la medición sicomotora de los niños.
 
En el plano de la equidad, se perfeccionaron los criterios de focalización, para atender preferentemente a los niños que más lo requiriesen, mejorando además el programa de alimentación.
 
En síntesis, la labor realizada en la década de los noventa en el ámbito de la educación a los niñosa través del MINEDUC, JUNJI y Fundación INTEGRA, implicó un aumento de cobertura de un 20% a un 30% en el año 2000, la “normalización” a partir de criterios técnicos básicos, y una abierta diversificación de la oferta, de programas educativos que se describen más adelante.
 
En el plano del perfeccionamiento de los profesionales del nivel, se crearon diversos post-títulos, Licenciaturas y en 1994 el primer post-grado especializado en el nivel: Magíster en Educación Parvularia, en la Universidad Metropolitana de Ciencias de la Educación, existiendo en la actualidad una amplia oferta para el perfeccionamiento de los Educadores de Párvulos.
 
En 1998, como parte de la Reforma Educacional en curso, se inició la Reforma Curricular del nivel, con la elaboración de las “Bases Curriculares de la Educación Parvularia” como un referente curricular actualizado, para la educación de las niñas y niños chilenos, desde el nacimiento hasta el ingreso a la Educación Básica, y aplicable a distintas modalidades educativas. Este instrumento se terminó de elaborar el año 2001, iniciándose el perfeccionamiento de los educadores de párvulos y la implementación de la propuesta.
 
La Educación Parvularia en los comienzos del Siglo XXI
Durante el Gobierno de Don Ricardo Lagos (2000- 2005), además de lo anterior, se ha planteado como meta relevante el mayor aumento de cobertura de educación parvularia experimentado en la historia del nivel y del país, a través de la creación de 120.000 nuevos cupos. Esta política unida además a recientes iniciativas legales, que han reconocido al nivel en la Constitución de la República (1999) y en la Ley Orgánica de la Educación (2001)[4], establece una situación de consolidación de la Educación Parvularia como tal y posibilita desarrollar una nueva pedagogía de párvulos del siglo XXI.
 
En tal sentido, el inicio de la Reforma Curricular del nivel a partir de las “Bases Curriculares de la Educación Parvularia” implicará un nuevo ámbito de perfeccionamiento, proyectos de implementación curricular, material de apoyo, seguimiento y evaluación, más otro conjunto de acciones e iniciativas enmarcadas en los desafíos para la educación de los próximos años, que se detallan más adelante.
 
 


[1] Entre ellas cabe mencionar el “Kindergarten Nacional”.
[2] La “Asociación de Kindergarterinas” se inscribe como una de las primeras organizaciones gremiales de educadores del país y de Latinoamérica.
[3] MIDEPLAN. Encuesta CASEN 1990-2000
4 Compendio Estadístico Educacional Año 2000. MINEDUC
[4] Proyecto en su trámite final en el Congreso.